En mi 4ta visita a INEN traje nuevamente mi ukulele para ambientar la sala de quimioterapia y tocar música a los niños que quisieran.
Precisamente ocurrió esto último: Mientras conversaba y le enseñaba a tocar ukulele a un chico de 17 años llamado Giovanni, Mariale me avisó en 3 ocasiones distintas que habían niños que me habían visto y que querían que tocase para ellos. En esas 3 ocasiones acudí a ellos y traté de aprenderme sobre la marcha las canciones que querían escuchar.
En estas visita en conjunto siento que estoy desenvolviéndome cada vez más en el ámbito de la interacción, de la conversación y sobre todo del performance; el tocar música que me gusta y que conozco y más aún el aprenderme canciones en el mismo momento y tocarlas para alegrar la tarde de los niños es algo que me llena mucho y que me contagia de energía y positivismo. Se siente bien tener el respaldo de compañeros, y saber que ellos cuentan también con tu respaldo y con lo que puedes aportar en las dinámicas, así como en la apertura de los chicos, su cooperación y las ganas que tienen de aprender y de recibir lo que uno puede ofrecerles. Siento que me vuelvo cada vez más empático, que dejo cada vez más de lado mis inseguridades para conversar y comunicar y que aprecio el impacto ético de mis acciones, así como aprecio el trabajo colaborativo que realizamos aquí.

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